Nemecio tiene 57 años, trabaja en la mina de Siglo XX, alto, corpulento y de rostro moreno. Olor a copagira, el ácido que domina la mina, sale en botas negras, pantalón ancho, una chamarra verde y un guardatojo que esconde su cabeza, pero nada disimula su eterno cansancio. Su mayor preocupación es cómo sobrevivir al derrumbe del mercado mundial de minerales y al cierre de “fronteras y comercializadoras” en Oruro. Los 300 bolivianos semanales ya no alcanzan y este último mes casi no vendió nada, 2 de sus 6 hijos y su esposa aún dependen de él.

Gumercinda, de 59 años, está arrodillada en el desmonte de piedras, agarra a manos llenas el combo y la roca, junto a otras 7 mujeres de la misma edad está buscando el estaño entre pallacos y desechos mineros. En dos meses más debe “entregar” el mineral molido y arrinconado. Hace cuatro meses que trabaja con el amor propio de una mujer herida por las carencias, pues no cobra nada. Su labor empieza y termina cada 6 meses, el resultado de su sacrificio de 8 de la mañana a 5 de la tarde es de 2 mil bolivianos semestrales. Los agujeros de la crisis los tapa lavando ropa o vendiendo refresco con la ayuda de sus cuatro hijos.

La cuarentena les agarró en marzo, pasando carnaval, empezando las clases, habiendo dado apenas 3 de las 12 vueltas al 2020, con el estaño que se derrumbó de 8 dólares a 6 dólares la libra fina, con las comercializadoras que ya no compran mineral de baja ley y arrastrando el yacimiento que el potentado Patiño explotó a principios de 1.900 y ahora está agotado. Nemecio hace marmajas y Gumercinda ensaya sus ch´amis, limosnas que arrancan al yacimiento y a los desmontes, ese extremado sacrificio les da hasta 50 bolivianos a la semana a uno y 20 a la otra.

LOS MILLONES QUE AHORA NO LLEGAN

Hasta diciembre 2019 el trabajo de los mineros movía aún casi 100 millones de bolivianos año en Llallagua, el mismo valor de mineral que hace 24 años atrás. Potosí exportaba minerales por un valor de 1.500 millones de dólares año hasta el 2012. Hoy la situación ha cambiado, chóferes se quejan de la falta de pasajeros, comerciantes dicen que se vende poco y crece el comercio informal de vendedoras de fruta, cachivaches, hamburgueseras, ropa, verdura y todo lo que uno encuentra al paso.

Corea del Sur y China han dejado de comprar zinc, estaño, y plata, las principales exportaciones de Potosí. Las fábricas de vehículos Hyundai han cerrado, lo mismo que otras factorías chinas que consumían la producción potosina.

SALVAVIDAS PARA LA MINERIA

Héctor Córdova, expresidente de COMIBOL, hoy analista y experto en proyectos mineros, propone que el gobierno compre el zinc y el estaño a los cooperativistas a precios superiores que el mercado mundial, almacene la producción, instale plantas de tratamiento de esos minerales y los venda una vez que el mercado mundial se recomponga y reactive.

Entre tanto los dirigentes de las cooperativas mineras de Oruro proponen, comerse el futuro ahora, dejar de aportar a las AFP´s y el perdón de las deudas por energía eléctrica, además una disminución en el precio de ese servicio.

Es cierto que hay mineros que ganan más y tienen mejores vetas, pero los trabajadores del Norte Potosí, en especial de Llallagua y Uncía recibieron vetas agotadas en un yacimiento que ya dio casi todo con Patiño y durante la COMIBOL.

LA SILICOSIS

René, otro minero que habla poco esconde el gran miedo de los “qhoyanchos”. Tiene silicosis, su pulmón fibrosado casi como el corcho ya no bombea la misma cantidad de oxígeno a las células de la sangre. El virus podría rematar esa dificultad para respirar. Gumercinda y Nemecio probablemente no sepan ese peligro, están ocupados en arrancar el pan de cada día a la mina y a los desechos mineros, están luchando por el pan del día a casa, atrapados entre el virus, la cuarentena y el derrumbe del mercado mundial de minerales.

HOY

Esta mañana muchos mineros acataron la cuarentena, se quedaron en casa a cuidar su salud. Radio PIO XII en pasados días salió con el móvil de la prevención explicándoles cómo les afecta el virus y qué deben hacer para cuidarse.
Vi a tres mineros que se dirigían por las calles hacia el nivel 650 de la mina de Siglo XX, muy pocos en relación a días normales, cuando grupos de cuatro o de cinco se dirigen al mismo lugar entre las 6 de la mañana con 30 minutos y las 7 de la mañana.

RADIO PIO XII

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