“Jhas” era temido no sólo por los ciudadanos de a pie, sino también por abogados, fiscales, jueces e incluso policías. Las personas que eran patrocinadas por él prácticamente tenían asegurada su victoria, entre ellos policías y expolicías, algunos denunciados por violencia, corrupción y hasta narcotráfico.
Jhasmani Ramiro T. L. cumplió sus 38 años en la cárcel de El Abra (nació el 5 de enero de 1980). Días después, fue trasladado al penal de máxima seguridad de Chonchocoro, porque el 17 de enero se difundieron tres videos en los que se lo ve, junto a sus colaboradores, torturando a personas “deudoras” .
¿Quién es Jhasmani y cuál es su pasado?
Es de profesión abogado, se tituló por excelencia de la Universidad Mayor de San Simón el 2002. Sus compañeros recuerdan a un muchacho estudioso, ansioso por superarse, pero con una personalidad “especial”.
“Él siempre era medio especial en términos de personalidad, muy estudioso, salió por excelencia de la Facultad de Derecho y bueno era muy aplicado para la teoría de modo tal que siempre estaba interesado por aprender”, cuenta a Los Tiempos uno de sus compañeros de la universidad, quien no quiere revelar su nombre por temor a represalias.
Otro de sus compañeros señala que su interés no sólo era el estudio, sino también el dinero. “Yo me acuerdo que ya acabando la ‘U’ tenía carritos hamburgueseros que hacía trabajar en las calles. Veía lo forma de generar ingresos y de ese modo es que el ‘Jhas’ vio la forma de ganarse más dinero y meterse con los cuates esos”.
Su padrastro, Julián Antonio T., también víctima de Jhasmani -porque fue obligado por medio de amenazas y torturas a ceder su vivienda y su vehículo- acuña para sí la frase “cría cuervos y te sacarán los ojos”.
“Yo no hubiese querido que esto termine así, me arrepiento de no haber escuchado a mi padre porque él me advirtió, pero yo lo he criado como un hijo desde sus tres años y le he inculcado valores, pero la educación de la mamá también (ha influido)”, dijo.
Esquizofrenia
La madre de Jhasmani murió hace cinco años. “Ella tenía una enfermedad, empezó con delirios, locura y demencia. Tenía esquizofrenia”, cuenta Julián aunque es duro para él recordar esos años que fueron terribles.
“Ayudé (económicamente a Jhasmani) hasta que su madre se enfermó muy grave, la llevé a psicólogos y psiquiatras”, indica. Dice que apoyó a su hijastro para salir profesional e incluso a pagar el alquiler de su primera oficina para que trabaje como litigante.
Jhasmani se registró ante el Ministerio de Justicia el 28 de julio de 2017 junto con otros 70 profesionales, ahí recibió su registró y su matrícula como jurista.

El Ministerio Público  investiga cuatro casos 

En marzo del 2018, Juan Antonio C., mecánico de profesión, presentó una denuncia penal contra Jhasmani T. L. y sus colaboradores, a quienes acusó de secuestro, tortura y extorsión.

Este hecho ocurrió cuando la víctima pidió que se le devuelva los 20 mil dólares por el anticrético de la vivienda que ocupaba.
Más de 10 personas son investigadas.
La segunda denuncia la hizo el padrastro de Jhasmani, Julián Antonio T. El 4 de febrero de 2017 su hijastro junto a 13 personas irrumpieron en su casa y le obligaron a firmar documentos de herencia mediante amenazas de muerte y torturas.
“Me despojaron de mi casa, vehículo y otros bienes”, contó.
La Policía investiga a 15 personas implicadas en este hecho.
El consorcio de jueces, fiscales, policías y abogados fue descubierto a raíz de la denuncia realizada por el caso del mecánico.
El 17 de enero de 2019, ocho personas fueron imputadas:  dos vocales, cuatro policías, un fiscal y  un funcionario público. Sin embargo, la investigación continúa y el Ministerio Público informó que  existen más implicados en el consorcio  de jueces, fiscales, policías y abogados.

Un accidente condenó a Jhasmani a las muletas

Jhasmani Ramiro T. L. quedó incapacitado tras sufrir un accidente de tránsito el 2005. Por una colisión de motorizados (una motocicleta y un vehículo) el jurista sufrió de una triple fractura expuesta en la zona de la tibia. Los testigos señalaron que fue por una disputa con un peligroso antisocial, quien habría planificado el incidente.
Según el reporte médico al que accedió Los Tiempos, Jhasmani fue sometido a múltiples operaciones reconstructivas.
“Fue sometido a tortuosas cirugías plásticas reconstructivas”, dice el informe.
Desde el accidente hasta ahora el implicado en cuatro procesos penales, se sometió a varias operaciones de injerto de piel.
El abogado es reconocido por algunas víctimas por las muletas que él usa para trasladarse de un lugar a otro.

Los policías pagaban con dinero y granadas de gas

Sergio Mauricio O. A., implicado en el consorcio de  Jhasmani T., en su declaración informativa dijo que “un día llegaron tres clientes que eran policías, dos hombres y una mujer, fueron a la oficina de Jhasmani para que les defienda en un proceso disciplinario ante la Dirección de Investigación Policial Interna (Didipi)”.

Según el relato de uno de los testigos clave del Ministerio Público, cuando los clientes de Jhasmani T. L. le preguntaron el costo, él les respondió “mil dólares por cabeza, pero además cada uno debía proveerle de granadas de gas como parte del pago. Hasta donde sé, él tenía un maletín negro donde guardaba las granadas de gas”, dijo.
Esto tiene relación con los atentados contra jueces y algunas víctimas donde se detonaron granadas de gas para atemorizarlos.

Análisis

“Jhasmani, el síntoma de la sociedad light”

Henry Álvaro Pinto Dávalos

Abogado y politólogo
Enrique Rojas, catedrático de psiquiatría en Madrid y director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas, en su libro “El hombre Light” realiza una descripción sensacional de los rasgos centrales de la sociedad actual, concluyendo que básicamente hoy impera una tetralogía nihilista, donde predomina el hedonismo, el consumismo, la permisividad y la relatividad.
Estos rasgos que describen a la sociedad de hoy, encajan perfectamente para comprender el caso del abogado Jhasmani T., quien a partir de mecanismos reñidos con la ley y la ética armó un gran consorcio de jueces, policías y fiscales que mediante la tortura, amenazas, el secuestro y la perversión de la ley montaron un verdadero clan criminal, destinado a corromper la administración de justicia.
En efecto, el caso de Jhasmani T. nos debe interpelar como sociedad ya que no sólo se trata de un tema de abogados o universidades, tampoco sólo de corrupción judicial. Jhasmani operaba a vista y complacencia de cientos de clientes que veían en él un mecanismo mucho más expedito, eficaz y célere para solucionar sus conflictos, lejos de acudir a un aparato jurisdiccional pesado, lento y tardío que no responde a las necesidades de la gente y que muestra la profunda crisis por la que atravesamos, tanto a nivel institucional, con un Órgano Judicial muy cuestionado, cuanto a nivel moral, con una sociedad permisiva, consumista, hedonista y relativamente ética, donde el fin sí justifica los medios.

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